THE TOTAL PROJECT

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"Las fuerzas que mueven el cosmos no son diferentes de aquellas que mueven el alma humana" Lama Anagarika

domingo, 28 de octubre de 2012

LA ESPERANZA VIVE EN LAS MONTAÑAS



Articulo publicado por el actor y escritor Carlos Olalla en su blog "La Placenta del Universo"

Desde la Asociación muchísimas gracias.

Era un hombre joven y, sobre todo, enamorado sin remedio de la montaña. Su afición por el alpinismo y la escalada se convirtió en una verdadera pasión que le llevó varias veces a los Alpes. Pero la llamada de la montaña era fuerte y venía desde mucho más lejos. Las nevadas cumbres de Kirguistán gritaban al viento su nombre. Esa es una llamada a la que uno no se puede ni se debe resistir. Es tu destino quien te llama desde la cima. Él no lo dudó ni por un instante y allí se fue. El Pico Lenin fue su primer 7.000, un 7.000 al que le han seguido varios más. La experiencia fue impresionante. Allí, inmerso en las montañas, se dejó llevar libre, etéreo, todo su ser fluyó para ayudarle a escuchar su voz interior. Dicen que la luz, a esa altura, es cegadora. A él le abrió los ojos para permitirle ver por primera vez lo que había estado buscando durante toda su vida: la esencia de sí mismo, la esencia de la vida. De regreso a casa le ingresaron una semana en un hospital por lo que parecía un cólico nefrítico. El tiempo y, sobre todo, las ganas de vivir, todo lo curan y él, un año después, volvió a aquellas montañas que le llamaban por su nombre. El tiempo no quiso que esta vez sus pies pisasen la cumbre. Poco le importó, consciente, como ya era, de que lo que importa es el viaje, la ascensión, el crecer paso a paso… De vuelta a casa los dolores volvieron a obligarle a internarse en el hospital. Le hicieron infinidad de pruebas. Lo denominaron quiste complejo en el riñón derecho. Imposible hacerle una biopsia en el lugar en el que estaba. Había muchas posibilidades de que no fuera algo grave, pero si quería saber con certeza de qué se trataba tenía que operarse. Lo hizo. El quiste se había transformado en múltiples tumores cancerígenos. Le extirparon el riñón. En aquel momento supo que la montaña, su querida montaña, aquella que con tanta fuerza le había llamado por su nombre, le había salvado. Sin ella habría tardado mucho en enterarse de que tenía cáncer y habría perdido un tiempo precioso, el tiempo que, muchas veces en estos casos, separa la vida de la muerte. Fue mucho el sufrimiento que vio en el hospital mientras se recuperaba de su operación. También fue mucha la solidaridad y fueron innumerables las pruebas de amor a la vida que vio allí. En aquel instante entendió el significado de aquella llamada de la montaña. Decidió dedicar su vida a ayudar a los que sufren, a los que como él han pasado o están pasando por situaciones de dolor y sufrimiento. Se llama Jose Francisco, le llaman Jose, y es uno de los fundadores de la Asociación Española de Alpinistas Con Cáncer.
Un año después, tras doce meses lejos de sus adoradas montañas, quiso volver a ellas. Kirguistán estaba muy lejos y era demasiado alto en aquellos momentos para una persona que había luchado tan duro para superar el cáncer. Los Alpes estaban más cerca, como, a veces, lo están quienes más nos necesitan. Contactó con la Asociación Española Contra el Cáncer para pedirles una bandera que dejar en la cumbre. En la montaña, como en los hospitales, la vida convive con la muerte, la esperanza con el dolor, la luz con la oscuridad. La montaña, como el cáncer, te exige una lucha sin cuartel en la que día a día y segundo a segundo tienes que dar lo mejor de ti mismo. El esfuerzo es enorme, duro, constante, solitario siempre, pero también solidario y generoso. En la montaña, como en el cáncer, tienes que avanzar paso a paso, no puedes quedarte parado, tienes que seguir avanzando, luchando, siempre luchando… Y en la montaña, como en el cáncer, la ayuda de los demás, de tu familia, de tus amigos, de los tuyos, es fundamental. Ellos son tus compañeros de cordada, esos que siempre tienen su mano tendida para que te puedas agarrar, esos que sabes que nunca te van a fallar… Hollar una cumbre cambia tu visión del mundo y superar un cáncer cambia para siempre tu visión de la vida. Quizá ambas experiencias te cambien tan profundamente porque para conseguirlas has tenido que mirar a la muerte cara a cara. Solo tememos lo que desconocemos y encontrarte con la muerte, estar cerca de ella, mirarle a la cara, te hace conocerla, y por eso, dejas de temerla.
Un año después Jose regresó de nuevo a su adorado Kirguistán. A él le debe todo lo que verdaderamente importa: la vida y el amor. La vida se la dieron sus montañas, y el amor Nastia, su mujer, oriunda de Kirguistán. Esta vez se propuso alcanzar una cima todavía más alta. En esta expedición le acompañaba, como en otras anteriores, su hermana Eva. De regreso a España a ella le detectaron un cáncer de pecho. Superarlo ha sido una nueva victoria de la vida. Es entonces cuando decide crear la Asociación de Alpinistas Con Cáncer. Es una organización independiente, humilde, que no recibe subvención ni ayuda alguna sino que se financia con las pequeñas aportaciones que hacen sus asociados y que existe para dar a conocer lo que es la lucha contra el cáncer, para sensibilizarnos a ti y a mí de lo que, juntos, podemos hacer para vencer a la muerte. Jose trabaja en una tienda de deportes en el centro de Madrid. Los demás miembros de la Asociación también son así, personas sencillas como tú y como yo. La Asociación agrupa a pacientes, familiares y montañeros voluntarios que trabajan unidos para prevenir, sensibilizar y acompañar a las personas oncológicas a través de la montaña. Visitan hospitales para estar junto a los enfermos, para contarles su experiencia, para decirles y demostrarles que no están solos, para enseñarles a no decaer, a levantarte tras cada caída, a seguir luchando y avanzando paso a paso en ese camino que lleva a la cima, esa cima que en esta montaña llamada cáncer no es otra que la vida. La ilusión vuelve a los ojos de los niños de oncología cuando estos montañeros que llevan las mochilas cargadas de sueños les explican las historias de las montañas, las aventuras vividas en esas montañas donde nace la vida y desde la que les traen la vida…
Este verano, en su adorado Kirguistán, han intentado hollar el Pobeda, uno de los picos más temibles y difíciles del mundo del alpinismo. Les ha acompañado Andrei, un guía que hace dos años perdió parte de los dedos de sus manos y pies intentando su ascenso. Y también les ha acompañado Merche, de AMACMA 8, la Asociación de Mujeres Afectadas por Cáncer de Mama, una superviviente de un cáncer de pecho que no tiene nada que ver con el mundo del alpinismo. Ella les acompañó hasta el campamento base. El objetivo era dejar una bandera en la cumbre con las manos pintadas en rosa de enfermos de cáncer y rodar un documental sobre la expedición. Han sido muchas las manos que, desde esa bandera, les han empujado a seguir caminando, a seguir subiendo paso a paso la ilusión por la vida y las ganas de vivir. Esta vez no han podido llegar a la cima. De nuevo la climatología se ha empeñado en no dejarles hacerlo, pero han colocado su bandera en un pico cercano de más fácil ascenso. Todas esas manos rosas están ahí, ondeando al viento, como banderas tibetanas de oración. El documental de esta expedición podrá verse en Abril. Las actividades solidarias de la Asociación de Alpinistas Con Cáncer no se limitan a hacer visitas hospitalarias a enfermos en nuestro país: organizan exposiciones de pintura, de escultura, de fotografía, jornadas como Montañas para la esperanza, que se desarrolló en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, y también ayudan, en lo que pueden, a un hospital infantil en Kirguistán al que quieren donar un equipo de oxígeno medicinal, del que actualmente carecen. Si quieres ver lo que hacen, o conocer las formas que tienes de colaborar con ellos, no dejes de visitar su web http://www.alpinistasconcancer.org/ Serás bienvenido. En estos tiempos de crisis y recortes, de injusticias y egoísmos, ejemplos como el de la Asociación Española de Alpinistas Con Cáncer deben recordarnos que aquí, a nuestro alrededor, viven personas anónimas capaces de dedicar su vida a paliar el sufrimiento de los demás, capaces de tender siempre su mano abierta a quien la necesite, sea aquí mismo, en nuestra propia esquina, o en el lejano Kirguistán, porque, como decía Abraham Verguese, personas como estas nos enseñan que no somos de donde nacemos, sino de donde nos necesitan…


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