miércoles, 26 de septiembre de 2012

MORIR CON LAS BOTAS PUESTAS



Vaya por delante mi tristeza por el accidente ocurrido en el Manaslu en estos días, por la gente fallecida y desaparecida, por los alpinistas que han dejado allí sus sueños y por sus familias.
Pero hoy toca entrar en otro tipo de consideraciones, y es lo que voy a hacer…aunque lo que plasme en este texto no sea lo políticamente correcto, por decirlo de alguna manera.
Siempre he defendido que el alpinismo es una filosofía de vida, que se desarrolle en un marco natural, que lleve consigo un esfuerzo y conseguir unas metas para mi es solo un avatar, no lo considero un deporte, es algo mucho más… deporte implica competición, records, premios, etc.… el verdadero alpinista, no importa su nivel, lo vive, lo siente, lo lleva en la sangre, y se congratula con su esfuerzo; hace poco un gran amigo me dijo “se aprende mas de los intentos que de las cimas conseguidas”.
Ayer fui a visitar a mis padres y lo primero que me dijeron fue: “¿Has visto las noticias?”,” ¿Por qué no lo dejas?” Estoy harto de que solo seamos noticia cuando ocurre un accidente, de que nuestra actividad, nuestro mundo, solo se contabilice por número de muertos y accidentes en los informativos, por supuesto que se debe informar, pero también de las cosas buenas y como casi siempre, de estas solo se encuentran breves reseñas.
En este mundo todo es relativo y cuando hablamos sobre este tema hay que hacerlo con pies de plomo. Hoy en día se habla de masificación en las expediciones, de gente no preparada, de gobiernos que quieren lucrarse con la cuantía de los permisos…y nos olvidamos del hombre, del alpinista, del soñador, del aventurero…hubo un tiempo en el que solo unos pocos podían intentar sus sueños…equipos nacionales, ayudas gubernamentales, etc… ¿Quién es nadie para coartar nuestros sueños?
Empecemos por la masificación, no se puede achacar a esto el número de víctimas en un accidente, la montaña es así, estamos jugando en un terreno de aventura que puede llegar a ser muy hostil y peligroso; en 1990 murieron debido a una gran avalancha cuarenta y dos alpinistas en el Pico Lenin de 7134 mts, la mayor tragedia el alpinismo, ¿sabéis cuantas personas estaban en ese campo? Cuarenta y cinco.
Se reclama a los gobiernos de estos países que limiten los permisos, y pienso que con razón, una cosa es que un gran número de expediciones intenten una montaña y otra la “superpoblación excesiva”, pero ¿no es cierto que las empresas que trabajan en estas montañas, sobre todo las extranjeras, deberían ser la primeras en acotar el número de participantes?
De otra forma, si se suben los permisos o se establecen algún tipo de pruebas o requerimientos estaremos también creando una clase privilegiada…los elegidos para la gloria, ¿son sus sueños más importantes que los de los demás? o ¿los pioneros no se la jugaban? ¿dónde queda la aventura y el intento de superación personal?
Y creo que la mayoría de las veces nos olvidamos de los más importante, LA LIBERTAD, nuestro derecho a no depender de un establishment que pueda controlar y a su vez acceder a todo.
Es nuestra vida, nosotros decidimos, y quiero sentirme libre de que montaña intentar y que riesgo correr….el día que perdamos esto, entonces si será un verdadero deporte…ojala tarde en llegar.
A nivel personal preferiría morir en mis montañas que en la cama de un hospital, y se bien lo que digo… “EL RIESGO QUE ASUMIMOS NO ES MAYOR QUE EL DE VIVIR”.
Por todos aquellos que murieron con la botas puestas, y en recuerdo de Dasha fallecida en el Pobeda en este verano.

José Francisco García Romo


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